Nuestro Ideario

PREMISAS FUNDAMENTALES

  1. Al origen de la acción educativa de Don Bosco está su pasión por los/las jóvenes. Él decía: “Yo por ustedes estudio, por ustedes trabajo, por ustedes vivo, por ustedes estoy incluso dispuesto a dar la vida"; y su opción por los/las más pobres, abandonados y en peligro.
  2. Para llevar adelante esta empresa, se hizo rodear de muchos colaboradores, junto con los cuales creó verdaderas comunidades educativas y pastorales en las que participaban todos corresponsablemente, comprometidos en la educación cristiana de los/las jóvenes.
  3. Esta comunidad educativa estaba en sintonía con los/las jóvenes, no por ser parte de un método pedagógico, sino que era la expresión original de su fe en el Señor y de su voluntad de anunciar a Cristo a los/las jóvenes, de ir a su encuentro, de crear con ellos un clima de confianza, de sinceridad, de franqueza. El decía: “Amar lo que ellos aman, pero sin renunciar a nuestro papel de adultos y educadores".
  4. Para esto, su experiencia le sugirió un criterio pedagógico: El Sistema Preventivo, que es un sistema de valores que busca hacer crecer a las personas mediante propuestas que orienten sus recursos y capacidades hacia experiencias positivas de bien. La práctica de este sistema comprende todos los elementos educativos presente en la razón, la religión y el amor, y en la asistencia-presencia, que ayudan al joven y a la joven a construirse positivamente como sujeto, capacitándole para asumir una actitud crítica y para actuar en libertad.
  5. Por eso nuestro trabajo educativo-pastoral se orienta a todas las verdaderas exigencias y reales necesidades del joven y la joven: corporales, espirituales y afectivas. Es decir, prestar un servicio integral.
  6. Para Don Bosco, la finalidad de todo esto era “salvar el alma del joven y la joven", salvación que era integral, por eso decía: “formar buenos cristianos y honrados ciudadanos". Hoy decimos que nuestra meta es educar y evangelizar siguiendo un proyecto de promoción integral de la persona orientada a Cristo, hombre perfecto.
  7. Esta salvación tiene un itinerario de maduración cristiana, es decir, una forma concreta de vivir el Evangelio: La Espiritualidad Juvenil Salesiana; cuyos núcleos fundamentales son:

Espiritualidad de lo cotidiano.
Lo cotidiano inspirado en Jesús de Nazaret es el lugar donde el joven y la joven reconocen la presencia activa de Dios  y vive su realización personal.

Espiritualidad de la alegría.
Lo cotidiano se vive con alegría y optimismo, sin por ello renunciar al esfuerzo ni a la   responsabilidad.

Espiritualidad de la amistad con Jesucristo el Señor.
Lo cotidiano es creado por el Cristo de la Pascua, que da las razones de la esperanza e  introduce en una vida que halla en él la plenitud de sentido.

Espiritualidad de comunión eclesial.
Lo cotidiano se experimenta en la Iglesia, ambiente natural para crecer en la fe por medio de los sacramentos. En la Iglesia encontramos a María Santísima, primera creyente, que precede, acompaña e inspira.

Espiritualidad de servicio responsable.
Lo cotidiano se les entrega a los jóvenes y a los jóvenes en un servicio generoso,  ordinario y extraordinario.

  1. Por esta razón, algunas opciones nuestras en orden a la acción son:

El ambiente educativo como vehículo de valores. Para Don Bosco era absolutamente claro que la educación es obra eficaz del ambiente y que se  realiza con más naturalidad allí donde existe un sistema relacional-familiar. Por eso se preocupa de construir  con los/las jóvenes un ambiente acogedor y abierto, en donde se viva:

    • Las relaciones marcadas por la confianza y el espíritu de familia.
    • Un intenso y claro ambiente de participación y de soluciones amigables y fraternas.
    • Un clima de optimismo y alegría, reflejo de la gracia de Dios y de la serenidad interior.
    • La alegría y la fiesta acompañadas por la laboriosidad y el cumplimiento del deber.
    • Las expresiones libres y múltiples del protagonismo juvenil
    • La presencia amiga de educadores que saben hacer propuestas que responden a los intereses de los/las jóvenes y al mismo tiempo sugieren opciones de valores y de fe.

La relación personal. Es decir, atención prestada a cada joven en particular, según sus necesidades y exigencias. La intervención educativa debe ser a través del encuentro y diálogo.

La llamada a fuerzas interiores. Don Bosco estaba convencido de que en todo joven hay algún punto accesible al bien, y es esto lo que el educador debe encontrar. Esta opción, Don Bosco la sintetiza en el trinomio razón-amor-religión. El educador debe proceder siempre apoyándose en motivaciones válidas y comprensibles para el/la joven, aceptando la gradualidad de propuestas y respuestas que su crecimiento supone.

La experiencia de vida asociativa. Animamos y promovemos grupos y movimientos de formación y de acción apostólica y social. En ellos los/las jóvenes crecen en la conciencia de sus responsabilidades  personales, y aprenden a dar su insustituible aportación a la transformación del mundo y a la vida de la Iglesia, haciéndose ellos mismos los primeros e inmediatos apóstoles de los/las jóvenes.

La presencia-asistencia. Todas las opciones precedentes se actúan en y mediante la Asistencia, la cual comporta la presencia entre lo/las jóvenes, con una capacidad para animar la creatividad de los/las muchachos/as y orientarla al desarrollo de la personalidad. La presencia-asistencia, se traduce en el esfuerzo de los educadores por eliminar distancias, acoger fraternalmente  a los/las jóvenes, crear un ambiente educativo, estar presente en la vida de los/las jóvenes, hacerse amar.

Ser buenos cristianos y honrados ciudadanos