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Así viví los Intramuros 2017

– Viejo, fue increíble, ¿te diste cuenta? Temprano me encontré a unos viejos amigos de donde estudié antes? ¡pues eso no es nada a lo que sucedió luego!”.

El festival de danza moderna había concluido un par de minutos atrás y yo me disponía a retirarme cuando en la salida me encontré a Osmaro, mi compañero en clases académicas. Cuando le pregunté qué tal había pasado su día, la emoción y emotividad que podía percibir en él, era todo menos disimulable.

—Llegaron amigos que llevaba años sin ver, años… amigos de mi comunidad en la iglesia que hace mucho dejaron de ir, amigos de la colonia en la que vivía, amigos de infancia… en fin, ¡fue demasiado bonito! —no miento, su emoción no se podía disimular. Si hasta ese momento no había terminado de comprender lo que nuestros intramuros significan, fue hasta el final, después de escuchar su experiencia, que lo hice… Don Bosco: “¡Mi mayor satisfacción es verte alegre!”.

Llegué temprano y con mucha expectación de lo que este día tenía preparado para todos nosotros. Minutos después de entrar me encontré con uno de mis compañeros. Pasamos por uno de los tantos puestos de comida comprando nuestros desayunos, y nos fuimos a sentar no sin antes mantener una pequeña conversación sobre lo que ese día nos preparaba.

Una hora después de eso, ya me encontraba sentado en los graderíos esperando el inicio del acto de inauguración. Ahí, justo al lado mío, en medio de cientos de personas gritando de alegría, oí exclamar a un compañero de mi promoción: —Ya no aguanto por estar ahí el otro año, se va a poner muy bueno. Volví la vista y me di cuenta que él se refería los jóvenes de la promoción 2017, que yacían dentro del Salón de Usos Múltiples con sus banderas, disfraces, y bombos, listos para hacer el clásico desfile antes del encendido de la antorcha.

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La antorcha, cierto. Una de las cosas que más expectación me generaba, era la persona que encendería la antorcha.El acto de inauguración comenzó. En su saludo, el padre director Mario Aldana nos recordaba la historia por la cual hoy podemos celebrar eventos deportivos como estos, y la importancia que el trabajo cooperativo ejerce en nosotros, como también en el deporte, incluyendo el valor que el perdón tiene en cualquier actividad que practiquemos entre amigos.

Un bonito acto artístico de algunas secciones académicas se presentó frente a nosotros, así como el recorrido de la antorcha, que finalmente fue encendida por nuestra compañera Celina Palacios, campeona centroamericana de ajedrez. Mejor persona para algo tan significativo no se pudo haber escogido. Nuestros intramuros estaban debidamente inaugurados, pero no sin antes cantar a todo pulmón nuestro himno salesiano, que nos recuerda que debemos marchar con la frente en alto, “siguiendo las huellas que el astro nos dejó”.

Don Bosco: “Corran, salten, jueguen, griten, pero no ofendan a Dios”.

Todos los deportes ya habían entrado en actividad. Los diferentes grupos de tercer ciclo y bachillerato se encontraban enfrentándose en entretenidos partidos, y aquella frase que Don Bosco dijo hace algunos años inevitablemente llegó a mi cabeza: “Corran, salten, jueguen, griten, pero no ofendan a Dios”. El Ricaldone te da tu espacio para que pongas eso en práctica.

Mi reloj marcaba poco menos de las diez de la mañana cuando anunciaron que el show de talentos estaba por comenzar, me senté esperando algo que llamara mi atención, cosa que conseguí desde el primer momento. Dos chicos de bachillerato fueron los encargados de abrir con una linda canción romántica, una increíble hora en la que consiguieron engancharnos desde el comienzo.

Una violinista con un talento excepcional, y el pequeño Luisito, un chico de 11 años que cautivó nuestros corazones interpretando una bonita canción ranchera popularizada por Pedro Fernández, le dieron otro toque muy único a una demostración de talentos que no dejó nada a deber.

Al mediodía, cuando la Orquesta Ricaldone nos deleitaba con su música, al mismo tiempo que veía a mi especialidad jugar la final de balonmano, que finalmente nos recordó que, si seguimos unidos como grupo, podemos conseguir triunfos importantes.

Las competencias de natación comenzaron, y era algo que no me podía perder. Algunos profesores y alumnos miembros de la Comisión de Seguridad y Emergencia le ponían un orden de primer nivel a un evento que contó con el lleno total de sus graderíos. Y no era para menos, el desempeño mostrado por los atletas que participaron de estas competencias era muy bueno.

El día terminaba, todos los deportes habían premiado ya a sus campeones. Los graderíos, frente a tarima, se encontraban repletos: el festival de danza moderna estaba por comenzar.

El festival de danza moderna es uno de tantos eventos que se organizan en los intramuros, pero siempre es de los que mayor afluencia de público presenta. Fueron nuestros pequeños vecinos, los niños del Kínder Don Pedro Ricaldone, los encargados de abrir el telón. Poco a poco fueron pasando cada uno de los grupos coreográficos, para finalizar con la presentación de los jóvenes de nuestra casa: el Grupo Coreográfico Ricaldone.

Cuando concluyeron su acto, meditaba en lo bonito que es dedicarle tiempo, energías, y un par de sacrificios a una actividad que te apasiona, y era justamente eso lo que vi en ellos, y en todos los demás grupos; sus sonrisas no desaparecieron en ningún momento de sus presentaciones, y sus movimientos dejaban en evidencia meses de arduo trabajo.

Nuestros intramuros habían concluido. Pensaba sobre el significado que este evento representa para nosotros como comunidad estudiantil. Estaba en eso, en el momento que decidí que era hora volver a casa, cuando finalmente encontré a Osmaro y escuché lo que tenía para contar.

Y lo comprendí ahí, justo ahí, después de escucharlo… Comprendí que los intramuros no solo se tratan de ir a jugar algún deporte. Tampoco es lo de menos, pero también se convierten en un buen momento para divertirnos; en la oportunidad perfecta para reencontrarnos con viejos amigos. Compartir momentos únicos con los actuales y, quién sabe, nos dé la oportunidad de conocer mejor a los futuros. Gracias Ricaldone. Gracias porque lo comprendiste mucho tiempo atrás que yo

Por: Guillermo Vigil




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