La sinceridad debe fomentarse desde la persona misma, por ejemplo: el ser siempre él mismo, así esté solo o acompañado; el ser fiel a mis convicciones siempre, sin importar con quién o en dónde estoy, ya que desde nuestra familia (el primer lugar de educación en valores) se promueve un ambiente cordial y sereno que propicia la confianza y conduce a conversaciones que fomenten los valores; así no se crea un ambiente de superficialidad o relativismo que la sociedad globalizada nos propone, o los medios de comunicación nos transmiten, valorando la dignidad humana y el don de la vida.